El mismo nombre misterioso: Zamora en España, Zamora en Rumanía

Doy con un artículo publicado en Tribuna Zamora sobre el misterio del topónimo español Zamora. Dicen que los históricos no se ponen de acuerdo, pero barajan las posibilidades de que el nombre de la bonita ciudad de Castilla y Leon se debería a la antigua denominación visigoda Semure, que a su vez tendría relación con el significado de “viejo muro” o que tendría relación con la ciudad africana de Argelia, Zemmora o con un pueblo francés llamado Semur. También ha existido la explicación etimológica de una voz árabe, Samurah que significa turquesa. Todas estas posibles etimologías tienen que ver, históricamente, con las raíces celtas, latinas, visigodas y luego árabes que dejaron sus huellas en la mitad norte de lo que es hoy España.

Pero también hay una posibilidad mas casera y cariñosa, digamos. Los paisanos de la zona tenían una vaca negra a la que llamaban Mora: “Dominada de Sarracenos, la ganó el Rey don Alonso el Católico el año 748, y destruida del todo, la pobló después en el 904 Alonso III Leonés, llamándola Zamora, según el Arzobispo Don Rodrigo, a causa de que pasando en aquella ocasión una vaca negra, a quien llamaban Mora los ganaderos, cierto criado suyo, apartándola, dijo graciosamente: Za Mora, y por esto mandó el Rey que retuviera esta voz y nombre el pueblo que reedificaron”. (Juan Antonio de Estrada).

A mi, como rumana, este nombre, Zamora, me es muy familiar y eso no se debe a la corta distancia que hay entre Salamanca, donde vivo y Zamora, donde solemos comer, en muchos fines de semana soleados, el famoso arroz a la zamorana. No, la familiaridad viene de lejos. En Rumanía existen dos ríos y un monte con el mismo nombre, Zamora, existe luego un barrio cerca de la ciudad Busteni, en los montes Cárpatos, un lugar muy apreciado por su paisaje y por su potencial turístico y también existe como apellido – incluso conocí hace años a alguien de Rumania que llevaba este mismo apellido. Es más: uno de los palacios mas bonitos del Valle Prahova, en los Cárpatos del Sur, construido por un descendente famoso de la familia Cantacuzino, al principio del siglo XX, se llamaba también Zamora, aunque ahora el nombre oficial es Palacio Cantacuzino. Se puede visitar y dicen que merece la pena. Si lo buscáis en Google Maps, está en la Calle Zamora (!) de la ciudad de Busteni.

El antiguo dueño, el príncipe Cantacuzino, varios veces ministro en los gobiernos de Rumania y extraordinariamente rico (su apodo era Nababul, El Nabab), había construido también el impresionante edificio que hoy alberga el Museo Enescu en la Calle Victoria de Bucarest.

Reconozco, lo primero que me pasó por la cabeza cuando supe de esta coincidencia entre la Zamora de España y la Zamora de Rumanía, fue una posible raíz común de origen celta. Eso se debe a una resistente idea mía según la cual la herencia celta, en territorios europeos tan alejados como la península ibérica y la zona del suroeste, es una cosa insuficientemente estudiada. Pero en este sentido no tengo mas que intuición, así que solo me queda buscar en las fuentes serias que tenemos.

Conforme el diccionario onomástico publicado en 1963 por la Academia Rumana, el nombre Zamora (este diccionario lo da como nombre de un monte) viene de un verbo de origen eslavo, a zămorî, que significa morir de hambre (el mismo verbo, a zămorî, que yo no he usado ni oído nunca, aparece, con el mismo significado, en el Diccionario Etimológico de Alejandro Cioranescu). A lo mejor los refugiados en los montes (los antiguos rumanos se refugiaban a menudo en los montes en los siglos posteriores a la retirada de la administración del Imperio Romano al final del siglo III) sufrían por escasez de comida, cosa perfectamente plausible. Pero hay que tener en cuenta también que en los años 50 y 60 del siglo XX, cuando se publicó este diccionario, cualquier coincidencia con el eslavo estaba aprovechada y presentada no como posibilidad etimológica, sino como certeza. Eran tiempos de mucha amistad con el hermano grande del Este, la Unión Soviética y esta amistad influyó no pocas veces en la ciencia (lingüística, histórica) de aquella época. Después de dar como segura esta etimología del monte Zamora de la voz eslava a zămorî, el diccionario indica como coincidencias dos cosas: Zamora, ciudad de España y Zamori, el brujo del Cronógrafo de Cigalá de 1673. No, no se trata de ningún Cigála español (¡no penséis, por favor, en el famoso cantante!), sino de un clérigo rumano con este apodo, Matei Dorothei Cigalá, autor de este curioso manuscrito, donde aparece el brujo llamado Zamori (el manuscrito está en la Biblioteca de la Academia Rumana de Bucarest).

Los caminos se vuelven cada vez mas oscuros y difíciles, los lingüistas históricos saben porque… Sin embargo, podemos salir a un claro de bosque si volvemos a la explicación casera, anecdótica que recordaba al principio y que existe, casi en la misma forma, en el caso rumano. Solo que en vez de una vaca negra se trata de una perrita. Encuentro la historia en un artículo reciente publicado en una revista rumana de divulgación histórica. Parece ser que la familia Cantacuzino, justo cuando se construía el palacio, tenían una perrita de caza llamada Mura. Cuando querían que la perra les trajera la caza, le gritaban: ¡Za Mura! Terminado el palacio, por el amor que le tenían a la perrita, lo nombraron El Palacio Zamora.

Interesante y tierna coincidencia, ¿no?

Alejandro Cioranescu, Diccionario Etimológico Rumano, Universidad La Laguna, 1966
Dictionar Onomastic Rominesc, N.A.Constantinescu, Editura Academiei Republicii Populare Romine, 1963

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